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La Coctelera

26 Septiembre 2008

Me encanta el otoño. Me encanta.

Será por ese estremecimiento acogedor que te recorre por entero, cuando las noches empiezan a ser frías, y se busca cobijo en otro cuerpo bajo el peso de unas mantas recién sacadas del armario.

O será por el amarillo, el rojo, el marrón, que poco a poco lo pintan todo de romántica nostalgia. O por el cielo.

O puede que sea porque a él lo conocí en otoño. O porque ya van para once los otoños que pasamos juntos.

Quizá sea sólo por octubre. O por los recuerdos que siempre le acompañan.

O puede que me guste el otoño por su banda sonora, que hoy se me antoja ésta:


¨He muerto y he resucitado.
Con mis cenizas un árbol he plantado,
su fruto ha dado y desde hoy algo ha empezado.
He roto todos mis poemas,
los de tristezas y de penas,
lo he pensado y hoy sin dudar vuelvo a tu lado.
Ayúdame y te habré ayudado,
que hoy he soñado en otra vida,
en otro mundo, pero a tu lado.
Ya no persigo sueños rotos,
los he cosido con el hilo de tus ojos,
y te he cantado al son de acordes aún no inventados.
Ayúdame y te habré ayudado,
que hoy he soñado en otra vida,
en otro mundo, pero a tu lado.
Ayúdame y te habré ayudado,
que hoy he soñado en otra vida,
en otro mundo, pero a tu lado¨.

Pero a tu lado. Los Secretos.

…Pero a tu lado…

Pues eso. Que me encanta el otoño.

Buen otoño a todos. ¡¡Muuuuuuuack!!

21 Septiembre 2008

Uff......no sé ni por donde empezar. Bien,...lo haré sin más.

Por fin estoy aquí otra vez, ¡no sabéis las ganas que tenía! Que no sabía yo que lo iba a echar tanto de menos, lo de cotillear por aquí, digo, con vosotros, jeje...pero sí, y me moría por volver y ponerme al día con vuestros blog, a ver que tal estáis y que es lo que me he perdido en este mes largo de ausencia.

Como imaginareis, he estado de vacaciones, con Romeo. Bueno, lo que quiero decir es que los dos hemos estado de vacaciones, en el sentido de que al mismo tiempo, más o menos, pero que no nos hemos ido a ningún sitio, bueno si, pero no de vacaciones...me estoy liando. Veréis:

En principio los dos íbamos a tener un mes de vacaciones y, por suerte, coincidíamos en las fechas. ¡Genial!, pensamos, e ideamos un plan: la primera quincena, haríamos mini-viajes, a distintas Comunidades Autónomas, para visitar a familiares y asistir a celebraciones sociales a las que estábamos invitados y nos hacían mucha ilusión; la segunda quincena, diez días serían para irnos de viaje los dos, y los últimos cinco días, para volver a ponerlo todo en orden antes de empezar a trabajar, y poner, por fin, la habitación-despacho.

Bien, pues no voy a entrar en detalles porque ya es de sobra conocida mi mala suerte con los planes, y a poco que me conozcáis podréis imaginaros sin esfuerzo que nada fue como estaba planeado. Pero, nada de nada. Bueno si, una escapa a Madrid a ver un par de exposiciones. El resto, nada.

Hicimos los mini-viajes, sí, y asistimos a las citadas celebraciones (y lo pasamos en grande), pero todo lo que transcurrió entre viaje y viaje y celebración y celebración, fue desordenado y lleno de sorpresas que iban cambiando nuestras circunstancias y, como consecuencia de ello, nuestros planes. Pero para bien, que las últimas frases suenan algo serias y no es eso. Veréis, surgieron nuevas oportunidades laborales, que forzaron viajes y anularon otros. Pero muy contentos, claro, que digo contentos: CONTENTÍSIMOS, sí, sí. Así que, la segunda quincena la pasamos en casa, Romeo entusiasmado con su nuevo trabajo, y yo, encantada por ello y disfrutando de mi tiempo libre.

Al principio pensé en la cantidad de cosas que podría hacer: descansar de tanto viaje para arriba y para abajo y de las prisas y el trajín de los días anteriores; cumplir con un par de encargos para unas amigas, de flores de fieltro; asaltar mi caja de abalorios y demás cositas y dar rienda suelta a mi imaginación; leer; pasar tiempo con los míos; empezar a ponerme en forma con la Wii Fit, que ¡ por fin la tenemos en casa!; cocinar; disfrutar del blog (con tiempo quiero decir) y experimentar un poco con el ordenador y algún que otro programa; ordenar armarios y cambiar-redistribuir cosas de sitio; poner la habitación-despacho (lo que implicaba colocar apuntes de la opo y, también, ordenar mis propios pensamientos en torno a la misma, y decidir, de una vez por todas, si sigo o no, y si sigo, si lo hago por donde empecé o cambio totalmente de rumbo, que es lo que más me apetece, pero, no sé si lo que más me conviene); y, en fin...muchas más cosas.

Pero los cielos se aliaron conmigo y me regalaron unos maravillosos días de generosa lluvia, y yo me vi arrastrada, mantita en mano, al sofá, con Cucurucho en mi tripita, mis libros, un millón de tazas de té, el mando de la tele, un Romeo ¨intermitente¨ y contento, el sonar de la lluvia en los cristales y la agradable sensación de no tener nada que hacer (al menos obligatoriamente, ya me entendéis). Y sin saber como, los días fueron pasando, viviendo en mi propia burbuja, aislada de la realidad y del mundo, y feliz.

Sí, sí, estos días sin prensa, ordenador, prácticamente sin teléfono, y sin idas y venidas al trabajo (y sin el trabajo en si, claro), al supermercado, al banco,...sin el ruido de la ciudad, sola conmigo misma y con Romeo y Cucurucho, ya digo, en un mundo paralelo y ajeno a todo, me han sentado estupendamente.

Claro que ahora que ya he vuelto al mundo real, me doy cuenta de que no he hecho nada de lo que tenía pensado hacer (bueno algo si, tampoco vayáis a pensar que he estado ¨espanzurrada¨ en el sofá quince días sin moverme, porque oye, cogí con ganas esa nueva sensación de tener tiempo libre, pero tampoco era plan y algo he hecho, como pasar tiempo con los míos, cocinar un poquito y ¨poner la habitación-despacho,( y digo ¨poner¨y no poner, porque las estanterías están puestas...pero nada más), leer,… ). Pero oye, que digo yo que me quiten lo bailao, ¿no?, pues eso. Porque además, la vuelta al mundo real ha llegado llenita de trabajo, pero mucho-mucho, ¡vaya semanita he tenido! (y también tengo que hacer todo lo que no hice en vacaciones, por supuesto), pero como la cura a base de vagancia suprema a la que he estado sometida las dos últimas semanas me ha sentado requetebién y ahora estoy ¨divina de la muerte¨, estoy dispuesta a sacar tiempo entre expedientes y armarios para volver a este mundo cibernético y cotillear, cotillear y cotillear.

Así que lo dicho, voy a devorar vuestros blog, que ya no aguanto mas, jeje...¡¡Besucos!!

12 Agosto 2008

Sigo:


El sábado, nos levantamos tarde, muuuuuuuuuy tarde, y con resaca, claro. Aspirina, jiji, café y Sobao Pasiego, ducha y un largo trayecto de coche hasta Santillana del Mar y después Comillas. Hacía un día estupendo (bueno, hacía un calor insufrible para que nos vamos a engañar) y nos dedicamos a pasear por allí (vale, vale, yo a arrastrar los pies, que no es lo mismo).

Luego comimos en una terracita unos riquísimos huevos al plato y una ensalada que tenía una presentación alucinante, y estaba de muerte claro, y que es muy facil de hacer, ya os daré la receta, vale, vale, que me voy del tema, pues eso, que luego con el gusto del chupito de crema de orujo (al que nos invitaron) todavía en la boca, nos fuimos a ver la Ermita de Santa Justa. Aquí os enseño algo de todo eso:

Estos son unos amiguetes que hicimos en Santillana del Mar, jejeje, más majos.

Y aunque el paseo por Santillana, villa medieval, fue una delicia porque está lleno de casas de piedra fabulosas, y la plaza del Ayuntamiento y la Colegiata de Santa Juliana son dignas de ver y admirar, por problemas técnicos que no vienen al caso, la foto de estas bolitas de pelo es lo único que os puedo enseñar de allí. No obstante, si tenéis la oportunidad de conocerlo no os lo penséis dos veces.

En cuanto a Comillas:

Estos son algunos detalles del ¨Capricho¨ de Gaudí, una de sus primeras obras y actualmente restaurante. Muy bonito.


Este es el Palacio de Sobrellano, de estilo neogótico, hecho por encargo del Marqués de Comillas como regalo para el Rey Alfonso XII (que ya me podían hacer a mi un regalo así, ¿que no?...aunque anda que no tendría que limpiar ni nada, jeje). Fabuloso.

Lo que se ve al fondo de la primera y última foto del palacio es la capilla-panteón del palacio.

Aquí tenéis al Ángel exterminador que vigila el cementerio gótico construido sobre las ruinas de un antiguo monasterio también gótico (que no pudimos ver porque estaba cerrado)

Y, finalmente, aquí debajo tenéis la Ermita de Santa Justa, situada en la playa del mismo nombre, en la costa de Santillana del Mar. Está asentada en una cueva, como espero que se aprecie en las fotos, por el tamaño digo.



Y volviendo a lo que os estaba contando, después de visitar la Ermita queríamos pasar la tarde en la playa, pero Sam se encontraba un poco mal por unos problemillas que no vienen al caso, nada grave, así que volvimos a casa.

Romeo y Molly se fueron a comprar cositas de la tierruca, esto es, más Sobaos Pasiegos, Quesadas, Anchoas, en fin…esas cosas tan ricas, para llevárselas a la familia, ya sabéis, y algo para cenar, porque, por supuesto con Sam así, pobrecito, no podíamos salir.

El resto del día fue muy tranquilo pero muy agradable. Romeo de cocinero y Sam de pinche, prepararon una cenita rica-rica, jeje, mientras Molly y yo cotilleábamos, cotilleábamos y cotilleábamos, jejeje…después cenamos, tomamos unas copitas y a dormir completamente agotados.

El domingo, Molly y Sam se marcharon pronto, después de desayunar, porque tenían un largo viaje por delante y Romeo y yo, tras limpiar un poco (la casa estaba que daba pena verla) pasamos el día en el sofá, agotados, achicharrados y con la música de la romería y después, verbena, amenizando el ambíente.

En definitiva, que aunque lo único que queríamos Molly y yo era cotorrear hasta saciar nuestra curiosidad y ponernos al dia de todas y cada una de las cosas que han ocurrido en nuestras vidas desde que nos separamos hace ya cinco años, la realidad ha sido que nos hemos quedado con las ganas de seguir contándonos cositas, que no hemos podido hablar todo lo que nos hubiera gustado, vamos, pero como dije al principio, y como ya sabéis, a mi nunca me sale nada como lo planeo, y claro, es que no había tiempo para todo, ¡siempre el dichoso tiempo!. Pero oye, que no me quejo en absoluto, que va, porque a pesar de ese pequeño detalle la visita ha estado genial y lo hemos pasado en grande, sí, sí, así que pronto, muy pronto, Romeo y yo iremos a visitarlos a ellos y seguiremos dándole a la lengua, pero esta vez, tal y como hemos planificado, ejem, ejem...será por las calles de Toledo, entre muchas otras, claro :)).

¡¡Muuuuuuuack!!

12 Agosto 2008

No nos habíamos visto desde diciembre. Y antes de eso, desde el verano pasado. Y antes, desde hacía, al menos, cinco años. Así que os imaginaréis que teníamos muchísimas cosas que contarnos. Al menos, eso era lo que esperábamos las dos. Pero ya sabéis que a mí nunca me salen las cosas como espero, y, esta vez, no iba a ser una excepción.

Pero empecemos por el principio.

Molly y Sam (ya, ya se lo que estáis pensando, algo como esto: ¿¿¿eeeeeeeh???, ¿a que sí?. Vale, me explico: me refiero a mi amiga de la Universidad y a su pareja, ya sabéis, los que iban a venir a pasar unos días con nosotros, pues esos. Bien, pues no estoy muy inspirada así que he optado por ponerles el nombre de los protagonistas de ¨Ghost¨, no porque su historia tenga algún parecido con la que nos cuenta la famosa película, (menos mal, por otro lado), sino porque la cerámica es importante, al menos de alguna manera, en la vida de Molly, y con Molly ahora me estoy refiriendo a las dos, la de la película y mi amiga. Esa es la única similitud. Sin más. Vale, vale, estoy loca pero el calor me nubla el cerebro, ¿que queréis?).

Pues como iba diciendo, Molly y Sam llegaron el jueves a media tarde y, desde entonces hasta el domingo por la mañana, no paramos ni un segundo.

El reencuentro fue genial: abrazos, conversaciones atropelladas, risas, cervecita, y hasta un regalito muy chulo que nos habían traído de la Expo, de donde venían de pasarlo en grande según nos contaron. Luego dimos un paseo por el pueblo para que conocieran el entorno y quedaron encantados. Lo que más les llamó la atención fue el verde del paisaje, las montañas y árboles, y los grandes prados, y también el silencio y el olor, jejeje…según dijeron despertar con el olor a hierba recién segada y entre tanta tranquilidad fue un lujo para ellos. Para Romeo y para mí todavía sigue siéndolo, la verdad sea dicha.

Después cenamos tranquilamente y a la cama, que el viaje había sido largo, y, en mi caso, al día siguiente tenía que trabajar. Lo se…soy una pringada.

El viernes, ellos, es decir, Molly, Sam y Romeo, éste último como guía turístico, se levantaron prontito para aprovechar la mañana (una mañana de lluvia preciosa, tengo que decir) y aprovecharon para ver los Valles Pasiegos de Cantabria, toda la zona de Selaya con sus fantásticas cabañas perdidas en las montañas, y, como no, darse un suculento desayuno a base de Sobaos Pasiegos y Quesada. Después, de vuelta a por mí, que estaba en la oficina, ¡¡TRABAJANDO!!, en fin…sin comentarios, pararon a ver alguna playa y alguna cala, entre otras cosas.

Obviamente llegaron tarde y no solo me tocó esperarles un buen rato sino que, además, llegaron con una enorme sonrisa dibujada en su cara, que me puso los dientes largos, claro, porque oye, por mucho que yo ya conozca esos hermosos lugares, siempre apetece volver. Pero bueno, al menos me han prometido enseñarme sus respectivos pueblos, (y también Toledo, que nos queda bastante cerca según parece), cuando seamos Romeo y yo los que les visitemos a ellos. Así que ya estoy contenta, jiji

Después, de vuelta en casa, vermú, comida, siesta, y luego pusimos rumbo a Santander, porque aunque a Romeo y a mí no sea lo que más nos guste de la zona precisamente, pues resulta que la gente se marcha encantada de allí, así que teníamos que enseñárselo, además, no nos quedaba tan lejos y oye, una vez allí, que nos quiten lo bailao.

Allí, dimos un enorme paseo por el Puerto Marítimo hasta el Palacio de la Magdalena, y luego caminamos hasta el Sardinero porque querían ver todas las playas, y el Casino y esas cositas.

La idea era cenar de pinchos en el centro, pero al volver al coche vimos un restaurante muy cuco que está en la mismísima playa (algo que me repatea el hígado, pero bueno) y decidimos probar suerte allí. Como cabía pensar, estaban todas las mesas llenas y nos tocaba esperar un buen rato, así que nada, nada, al centro a por unos pinchos, no sin antes reservar mesa para la noche siguiente.

Ya de vuelta en el centro (de Santander) nos pusimos ciegos de pinchos, y luego nos tomamos un par de copitas al aire libre, sentados en las escaleras de la Plaza de Cañadío, donde había un ambientazo como pocas veces he visto desde que tengo uso de razón. Después de todo el bochorno del día se estaba muy bien al aire libre, mmmm…y allí, sentadas tranquilamente y con una copita en la mano, Molly y yo pudimos, por fin, explayarnos un poco entre nosotras, o lo que es lo mismo, cotillear como auténticas cotorras.Pero nos supo a poco, jeje.

Al llegar al nuestro puebluco, vimos desde el coche que había una estupenda romería y fue entonces cuando recordamos que el municipio estaba de fiestas. Por supuesto había que ver aquello, así que nos bajamos del coche, tomamos algo, bailamos un poco, cantamos, cogimos unos churros y para casa. ¿Ah! y yo me reencontré con un viejo amigo del al que hacía miles de años que no veía y que, casualidades de la vida, ahora es, al parecer, vecino nuestro, jeje…Estuvo bien.


Ya en casa, la idea era zamparnos los churros con un rico chocolate, pero estábamos tan cansados que ni acordarnos de los churros oye, y a la cama que nos fuimos de cabeza. Y menos mal, porque al día siguiente, sábado....Continuará (y, además, con fotos)

11 Agosto 2008

Una vez más no he hecho lo que dije que haría. En el post del lunes pasado prometí, (bueno, al final me rajé un poco y la cosa quedó en que prometí intentar, que no es lo mismo), no dejarme llevar por la desgana que éste horrible calor provoca en mi, y publicar, publicar y publicar, para compensar mi ausencia bloguera pasada y la que estaba por llegar.

No fue así.

Podría inventarme algo para ¨justificar¨ tanta ausencia…bueno, o vagancia, como prefiráis llamarlo, algo que no fuera lo que digo una y otra vez, y de esa forma evitar que penséis que me repito más que la cebolla, pero eso carecería de sentido. Así que voy a echar la culpa al de siempre, esto es, al calor.

Cada día llego a casa con fuerzas renovadas y ganas de contaros un montón de cosas, pero al rato me invade la desgana y el mal humor…¡dichoso calor!, y con ese estado de ánimo hacer cualquier cosa, por mínima que sea, me supone un esfuerzo sobrehumano.

Pero si ayer mismo para limpiar el baño tuve que hacer tres mini-descansos, esto es, resoplar, darme aire con lo primero que encuentro, quejarme del calor, beber agua, sentarme un poco y, finalmente, volver a empezar con la limpieza, hasta el siguiente mini descanso. ¿Exagerada? Puede que si… bueno, lo que quiero decir, es que ya se que no es comparable el calor que hace por aquí, al que hace por otras partes de España, y en ese sentido, quejarse no es justo. Lo que ocurre es que por aquí no estamos acostumbrados a esto, ni de coña vamos, que aquí llueve muchísimo, que los veranos son 3 días de playa y gracias, y este calorazo nos sienta mal. Tengo las piernas hinchadas, los tobillos no parecen míos, los brazos lo mismo, hasta me dan sofocos y me mareo…en fin, nada grave, ya se, bueno, aunque para mi vida en pareja a lo mejor si que lo es…ahora que lo pienso... porque, oye, que digo yo que con las pintas de andar por casa, arremangada, espatarrada, agonizante, y bebiendo agua a chorro sudorosa perdida y con diadema (para evitar los pelos pegados a la cara) como que no debo estar precisamente mona. Pero bastante tengo con respirar, como para andar preocupándome de mi aspecto cuando estoy en mi propia casa. Menos mal que tengo un Romeo que es un cielo.

El caso es que no cumplí lo que dije que haría por lo que llevo mucho tiempo sin actualizar y, por ese motivo, lo que voy a contaros ahora ya hace días que se publicó, concretamente en el periódico de Cantabria ¨El Diario Montañes¨, así que ya os habréis enterado hace tiempo, pero es que es una noticia tan requetebuena que no podía dejarla pasar. Veréis:

¿Os acordáis de Villarina? Imagino que si, pero por si acaso os hablé de ella aquí, y además, al margen de eso, la tía se ha hecho súper famosa, al menos por estos lugares y seguro que ya sabéis de sobra de quien estoy hablando.

Bien, pues…tachan, tachan: Villarina ya está muy pero que muy bien, que sí, que sí, que su recuperación está siendo asombrosa, tanto es así, que el pasado 25 de julio regresó a su tierra natal, la preciosa Asturias.

Según publicó el citado periódico, durante su estancia en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, donde ha permanecido hasta su traslado a Asturias, y gracias a los cuidados proporcionados por el equipo de veterinarios del Parque, Villarina se ha recuperado prácticamente de todos los síntomas producidos por el derrame cerebral con el que fue encontrada en la carretera de Villarín (Asturias) el pasado junio, recuperando incluso la totalidad de la visión del ojo izquierdo, si bien, todavía tiene algún problema en el ojo derecho así como en la extremidad anterior derecha.

Esta magnífica recuperación llevó a los veterinarios que la atendían a decidir, hace ya unos cuantos días, que el estado en el que se encontraba era suficientemente bueno como para salir al exterior (hasta entonces había estado completamente aislada y tratada con infrarrojos), puesto que de es manera podría disfrutar de la luz solar y del aire fresco favoreciendo así el fortalecimiento de su masa ósea.

Pues bien, días después de aquello, la Consejería de Medio Ambiente del Principado de Asturias, en coordinación con la Fundación Oso Pardo y el Fondo para la protección de los Animales Salvajes (FAPAS), tomó la decisión de trasladarla al Centro de Cría en Cautividad del Urogallo de Sobrescobio. Según la Consejería, la decisión fue tomada porque la estupenda recuperación de la preciosa osezna permitía que ésta pudiera seguir su recuperación en cualquier otro lugar, por lo que la permanencia en Cabarceno ya no era necesaria.

Además, al parecer, se ha observado que Villarina tiene bastante reducida su capacidad de reacción y de huida ante ruidos bruscos, limitaciones que podrían ser un problema para su reincorporación al Medio Natural. En las instalaciones del Centro de Cría en Cautividad, estará en un ambiente muy similar al de su habitad natural y no solo estará en absoluto aislamiento del hombre, sino que también será sometida a alimentación natural.

Permanecerá en el Centro hasta lograr la máxima recuperación posible y después se intentará devolverla a su medio natural puesto que esa posibilidad todavía sigue abierta, ¡¡MENOS MAL!!.

¿Una gran noticia, no? Villarina es toda una campeona, sí, sí. Como veis una noticia así no podía callármela, y además, más vale tarde que nunca.

Y eso es todo, que no es poco, bueno eso, y que me he propuesto cotillearos más cositas más a menudo, y esta vez lo voy a conseguir, que siiiiiiiiiiiiiiiii, que ya veréis como esta vez lo consigo. Así que mañana más y mejor. ¡¡Muuuuuuuuuuack!!

4 Agosto 2008


Últimamente no me aguanto ni yo.

Estoy…ni siquiera se como estoy. ¿Inquieta?…que se yo. El caso es que ando de acá para allá sin hacer nada de provecho, siempre cansada, medio aburrida, sin ánimo para nada.

Supongo que será el calor.

Espero que sea el calor.

Entre semana, voy como alma en pena por la oficina, siempre cargada de papeles escaleras arriba y escaleras abajo, y entre vuelta y vuelta sueño con un baño refrescante en el mar y con el fin de semana. Pero luego llega el sábado y solo tengo fuerzas para arrastrarme medio en ¨bolingas¨ por la casa. De la cama al sofá y del sofá a la cama. Me engaño pensando que estoy cansada y que al día siguiente haremos algo: playita, terracita con los amigos, paseo por el pueblo, ir de comida, que se yo, ¡ALGO! Pero llega el momento y no puedo ni pensarlo. Lo máximo que puedo hacer es bajar las persianas de casa y cruzar los dedos para que corra un poco de aire y me alivie la hinchazón y el medio aturdimiento/mareo o lo que narices sea esa sensación. Se me pasan los días y no he hecho nada, y cuando digo nada, me refiero a NADA EN ABSOLUTO.

No estoy acostumbrada a estos calores, y los llevo bastante mal.

Vale, vale, muuuuuuuuy mal, para que engañarnos. Y se que no puedo quejarme, que por aquí la cosa, el calor, digo, no es para tanto, que no puedo ni imaginarme como será por Madrid y por el sur, o incluso por Castilla.

Pero he decidido que este desánimo tiene que acabar. No puedo seguir así. Que el aburrimiento va a acabar conmigo. Tengo que empezar a hacer algo de provecho con mi tiempo. Sí, si. Por eso ésta tarde va a venir a casa una amiga muy especial. Es una preciosidad diminuta y risueña, con unos ojazos verdes que enamoran a todo el que los mira, ¡y eso que solo tiene tres añitos!, que no puedo ni imaginar que será cuando crezca, una rompecorazones, seguro, jeje. Pues sí, viene a casa a hacer manualidades conmigo y, también, a darle a la lengua, porque habla por los codos, en eso nos parecemos, jejeje…ya os contaré como lo pasamos.

Pero eso solo es el principio de semana, que para el jueves recibiré visita de otros amigos. En este caso es una amiga de la Universidad a la que tengo un montón de ganas de ver, y su chico, que, como ella, también es muy majete. Estarán aquí hasta el domingo, así que, como me va a ser imposible publicar nada durante esos días (por falta de tiempo y porque, además, si quiero que estén medianamente cómodos en la habitación pequeña, vamos a tener que desmontar el escritorio y el ordenador, claro), pues eso, que como no voy a poder publicar esos días, y además, llevo una temporada muy vaga con el blog, pues tengo intención de compensar tanto ausentismo de aquí al jueves.

Que sí, que sí, que prometo publicar, ¡¡¡¡¡que voy a luchar contra el calor todo lo que pueda, y cuando las gotas de sudor recorran mi frente y mis pies me arrastren hasta el sofá, lucharé contra el desánimo y la desidia y, limpiándome enérgicamente el sudor de la frente, me sentaré frente al ordenador y cotillearé hasta quedarme sin fuerzas!!!!! ¡¡Publicaré, publicaré y publicaré!!...bueno, mejor quedamos en que lo intentaré,...¿vale?, por si las moscas...ejem, ejem…

¡¡Muuuuuuuuack!!

31 Julio 2008

Llevo tantos días sin cotillearos nada que no se por donde empezar. Supongo que lo lógico sería hacerlo por el principio. Bien, pues voy a ello:

He tenido un puente (aquí el lunes fue fiesta) raro, muy raro. El caso es que la cosa empezó bien. Requetebién en realidad, pero claro, ya se sabe, después de la tormenta siempre llega la calma, y en mi caso, como no podía ser de otra manera, fue al revés. vereis:

El jueves, mi amado y dulce Romeo, jeje, partió a media tarde hacia tierras castellanas a una esperadísima despedida de soltero. Como consecuencia de ello, yo tendría por delante tres días, bueno tres y medio, para hacer lo que me viniera en gana, jiji, y eso significaba, según mis planes, acabar con millones de cosas pendientes, y por supuesto, disfrutar de un merecidísimo descanso. Vamos, que yo me veía todo el fin de semana haciendo esas cositas que tanto me gustan, como leer un montón de cosas que tengo pendientes, acabar el post del famoso viaje-visita y cotillearos un montón de cosas más, ordenar fotos, coser alguna cosita, planchar (esto no es que me guste, pero también lo tenía pendiente), cocinar cositas ricas sin riesgo de envenenar a nadie más a que mi misma, en fin…disfrutar de mi mundo particular en compañía de Cucurucho.

Bueno, pues como ya he dicho, la cosa empezó bien. El jueves, después de que Romeo se fuera, dejé toda la casa recogida y reluciente para poder disfrutar por entero de tanto tiempo libre, y luego, ya solo tuve tiempo de juegos varios con Cucurucho, cenar y dormir. Lo normal, vamos.


El viernes, a media mañana, entre montañas de papeles y llamadas, descubrí un mensaje pendiente en el móvil, en el que se me informaba de que esa misma tarde mis amigas habían convocado café/cotilla. Bien, la tarde prometía. Así que después del trabajo y de comer con mi madre, disfruté de tres horitas de terracita, buena conversación y muchas risas con las susodichas. Luego, cuando me dirígía a casa, me surgió una cañita, también en muy buena compañía, que, además, me supo a gloria dado el calorazo que hacía. Finalmente, llegué a casa. Bien, ahora si, pensé, venga, comienza mi tiempo. ¿Con que me pongo? Pues con la hora que era, tocaba cenar. Vale, ¿qué puedo cocinar? veamos,…¿qué tal …? va, no, mejor hago…bueno, si es que en realidad no tengo tanta hambre, me dije,…uff, y estoy muy cansada,…bueno, una ensaladita y mañana ya me pongo en ¨modo cocinera¨.

Después de cenar me dije que era un buen momento para el blog, pero entonces me llamaron por teléfono, y claro, raja que te raja, que en lo que rajaba empezó algo en la tele, creo que una de las millones de series de las que soy o he sido (porque es posible que fuera una reposición) adicta alguna vez. Bien, me dije, veo la serie y me pongo con el blog. Claro, claro, ilusa de mí, me quedé frita en el sofá. Me desperté a las dos y pico de la mañana y lo máximo que pude hacer fue arrastrarme hasta la cama, abrazarme a Cucurucho e, imagino que roncar a pierna suelta.

El sábado me desperté tarde, a una hora casi vergonzosa, pero claro, es que la noche anterior ni tiempo tuve de poner el despertador, ejem, ejem...y como en este pueblo, salvo las campanas de la Iglesia, no se escucha ni una mosca, pues como que me dormí. Y me desperté porque me llamó mi abuela, que sino igual todavía estoy durmiendo, en fin…El caso es que me preparé mi rico desayuno y me lo zampé entre cotilleos varios por vuestros blogs y César, el encantador de perros¨ en la tele. Lo se, lo se, no tengo remedio. Entre una cosa y otra, me lié y casi no llego a tiempo al súpermercado.

De vuelta en casa, subí al trastero a regar el semillero, que el pobrecito va de mal en peor, pero esa es otra historia. Y como soy una maruja en toda regla, pues ya que estaba allí, me líe a colocar un poco aquello, más que nada todo el desastre que Romeo tenía montado entre la ropa de montaña, la de escalada, cuerdas, botas, mochilas,…un caos absoluto. Cuando terminé, Cucurucho, que se lo estaba pasando en grande entre tanto barullo y tantas cosas para oler y cotillear, no quería bajar a casa, en fin, que esperando a que se decidiera, se me hizo tarde. Vale, ya estamos en la hora de comer. Pero claro, prácticamente acababa de desayunar y no era plan. Bueno, pues me pongo con otra cosa, pensé, ¿pero qué?...si es que con este calor no apetece hacer nada…Me puse a leer. Por supuesto, en vez de leer algunas de esas cosas pendientes, opté por ojear una novela histórica (son mi perdición) que leí hace un montón de tiempo y, por supuesto, terminé por empezar desde el principio y leer hasta hartarme. Como no podía ser de otra manera, se me fue el santo al cielo y vista ya la hora que era como que no me iba a poner a cocinar a lo grande, y encima con ese calor. Ni de coña. Así que nuevamente ensalada, aunque esta vez hice el esfuerzo de cocer un poco de pasta,…sin comentarios.

Con la tripita llena lo único que me apetecía era tirarme en el sofá, por supuesto, y eso hice. Creo que vi una película, leí otro poco, pegué alguna que otra cabezada, y Cucurucho tres cuartas de lo mismo, por supuesto, y todo esto con las persianas abajo y asfixiaditas las dos. El caso es que a lo largo de la tarde me tomé una vergonzosa cantidad de té rojo, con hielo, frío, frío y claro, a las nueve de la noche estaba como una moto. Cogí mi caja de abalorios y retales y comencé a hacer flores, ya sabéis, mis famosas flores para el baño (estoy loca, lo se), y con ellas me dieron las tantas. Entre tanto, en la tele, por supuesto, alguna serie, un documental sobre las bombas de racimo, otro sobre la Universidad Libre, más series, hasta un tutorial de abalorios me vi, si, si, a una hora rarísima además, como a las dos de la madrugada, pero ya digo que con tanto té me había puesto como una moto y dormir era algo imposible. El resultado fue que me acosté a las tantas y claro, al día siguiente, domingo, también me levanté a las tantas, con el consiguiente desayuno tardío, la falta de apetito a la hora de comer y, por tanto, de cocinar, y más calor asfixiante. Desastre total.

A media tarde llamó Romeo para avisar que se ponía en camino de vuelta. Su fin de semana tampoco había resultado como esperaba por algún que otro problemilla, ajeno a la despedida, y andaba un poco depre. Bien, pensé, ahora sí, voy a prepararle una cenita romanticona para levantarle el ánimo. ¿Pero que podía prepararle? Tenía que ser algo que le gustara mucho, si, si, y entonces recordé que Oli, nos posteo no hace mucho una receta de Ñoquis que tenía muy buena pinta y que yo estaba reservando para el próximo día 29, porque, como podéis ver aquí, así es la costumbre argentina. Pero aquello era una emergencia, así que no me lo pensé dos veces y me puse manos a la obra.

Según los cálculos de Romeo, no llegaría antes de las 22:30 h, tenía tiempo suficiente, o eso pensé yo. Pero claro, como era de esperara según la línea general del fin de semana, llegó antes de lo previsto y me pilló con las manos en la masa, literalmente.

A pesar de eso, le hizo mucha ilusión y, además, sacó un par de fotos, más por tener una prueba material de mi gran aventura en la cocina que otra cosa, por supuesto, pero que ahora me van a servir para ilustrar este post. Aquí las tenéis:

Aunque esté mal que yo lo diga, los ñoquis quedaron estupendos, mmmmm...así que muchas gracias Oli, jiji.

El día terminó con una cena romántica, claro, puesta al día de nuestro fin de semana de solteros, jeje, y sueño reparador.

Vale, hasta aquí, todo fue bien. Bueno, en realidad no hice nada de provecho en todo ese tiempo, ni leer, ni ponerme con el blog, ni coser, ni planchar, ni cocinar, ni...en fin, nada de lo que tenía planeado, salvo dormir, ver la tele, engancharme al té rojo y comer lechuga...ejem, ejem, pero oye, hice lo que me fue apeteciendo, aunque eso fuera nada.


Fue al día siguiente, lunes, y festivo además, cuando se desató el desastre, y desde entonces hasta hace apenas unas horas, solo hemos tenido llamadas de teléfono, sustos, ingresos hospitalarios, nervios, problemas que se adelantaron, agobio, más nervios, comeduras de coco, noche de insomnio, visitas al hospital, prisas, mas agobios, y, finalmente, tranquilidad. Sí, si, un par de días muy...intensos. Pero bueno, al final, el susto se quedó solo en eso, un susto, y, según nos dicen los médicos, mañana mismo todo estará bien. ¡¡Genial, genial, genial!! Y por lo que se refiere a los problemas y sus agobios respectivos, pues oye, que con la luz de este sol que últimamente brilla tanto, pues se ven de otro color, claro, y, además, parece que a la larga también tendrán solución, porque oyes, no es el fin del mundo ni mucho menos, así que tampoco vamos a quejarnos ¿no?. Y eso, pues eso, jeje.

Como veis, una de cal y otra de arena, pero lo importante es que, al final, como en los cuentos, podremos comer perdices, que es lo importante. Y lo pasado, pasado está.

Ahora voy a cotillear un poco por vuestras casitas, que tengo unas ganas... jeje, y mañana más y mejor. ¡¡¡Muuuaaack!!!

23 Julio 2008


Vale, definitivamente la playa no está hecha para Romeo y para . O bueno, más bien seremos nosotros los que no estamos hechos para la playa.

Pero que digo yo que tampoco hacía falta un viento huracanado para hacérnoslo ver. Que se puede ser más sutil. No se, bastaba con que se nublara un poco, por ejemplo. Pero noooooooo, ella, la playa digo, tenía que hacerlo a lo grande, y ¡hale!, venga ráfagas de viento para un lado y para otro. Y además de pronto, sin venir a cuento. Y claro, mi pelo, a fuerza de ir también para un lado y para otro, completamente alborotado y metiéndoseme en los ojos y… en fin, un desastre total, porque, creerme: aunque en una sesión fotográfica de súper modelos eso de la melena al viento pueda resultar encantador, éste no era el caso. Que no, que no, que ni de coña. Que no sabéis los pelos que tenia cuando llegué al coche después de huir de allí (porque eso fue lo que hicimos, huir como cobardes). Madre mía, como sería la cosa que le pregunté a Romeo si estaba muy mal, y él, (que hay que aclarar que aunque un día me diera por ponerme un árbol de navidad con luces y todo en la cabeza, no se daría ni cuenta), me dijo: - pues hombre, tal vez deberías peinarte un poco, jajaja- ¡y me lo dijo sin mirarme si quiera!, vamos, que ya se había dado cuenta de mi aspecto enajenado antes de que yo le preguntara nada. ¡Ja! Que gracioso, ¿peinarme dices?, claro, claro, si puedo meter el peine igual hasta lo consigo.

Pero la cosa no acaba aquí, que va, porque el viento no solo movía mi pelo, también la arena, claro. Un consejo: nunca despreciéis el daño que un grano de arena puede hacer. Oye, que hablo en serio, que muchos granos de arena impactando contra tu cuerpo a unos mil kilómetros por hora (porque esa debía ser la velocidad del dichoso viento, que si, que sí, sin exagerar), pues eso, que raspan mucho, pero mucho-mucho. Por no hablar de que se cuelan por el bikini, se meten en los ojos, en las orejas, en el termo de té rojo que llevaba para acompañar (ilusa de mi) la lectura que tenía planeada después de darme un baño refrescante, que, obviamente, tampoco pude darme…en fin, que se meten por todas partes y molestan, los granos digo. Mucho.

¿Qué decís? ¿Qué como es que no me bañe? Pues veréis, por varios factores combinados:

1º.- Cierto es que el sol brillaba esplendoroso en lo alto, vamos, que calor hacía, pero con ese viento soplando sin parar, a veces teníamos hasta frío, y claro, eso como que no motiva mucho a darse un chapuzón (luego por la noche, que es cuando hace falta, no corre el aire, por supuesto).

2º.- Romeo no quería bañarse, no le apetecía. Ya, ya, os preguntáis porque no me bañé sola. Pues también por varios motivos:

- Porque bañarse sola es más aburrido.

- Porque la bandera estaba amarilla y yo soy un poco cagueta con esas cosas. Vamos, que le tengo respeto al mar, y sola mucho más.

- Porque los que teníamos al lado hablaban de que el agua estaba lleno de medusas y uff…por muy bonitas que me parezcan, pensar que pueden estar moviéndose entre tus piernas y que te pueden picar y…en fin, ya me entendéis.

3º.- Y el tercer factor, muy relacionado con el segundo, tiene que ver con la marea. Estaba tan, tan baja, que el mar apenas era una fina línea en el horizonte. Y por supuesto que hubiese molado darse un paseo tranquilo hasta el mar para luego sumergirse entre sus espumosas olas y disfrutar de la refrescante sensación del agua en la piel después de caminar largo rato bajo el sol para llegar al agua, y…, bueno, pues eso, pero recordemos que hubiera tenido que haberlo hecho sola, bañarme digo (por lo del segundo factor), y después, con mi nula orientación, hubiese necesitado un mapa para encontrar a Romeo en la arena, porque, y pensarlo bien: si desde la arena el mar era una delgada línea en el horizonte, imaginaros que seria Romeo en la arena, entre tanta gente, visto desde el mar, apenas una hormiguita, ni eso. Y encima sin las gafas puestas, porque lo de bañarse con ellas como que no es muy practico que digamos, y claro, yo sin gafas ya puedo tener delante a Mister Universo que ni me entero. En fin, que el riesgo de perderme y de que los socorristas tuvieran que llamar por el megáfono a mi amor para que viniera a rescatarme atravesando aquel huracán de viento y arena, como que no lo veía claro, que no, que no.

Al final, completamente indignada, opte por pasar del libro (imposible de leer con arena y pelo en los ojos), del té rojo, de bañarme, y hasta de tomar el sol (que era lo menos arriesgado visto lo visto), y opte por tumbarme de lado, pues se me antojo que esa era la postura menos peligrosa, quiero decir que me parecía que así impactaban menos granos de arena asesinos sobre mi persona. Además, podría enroscar mi melena bajo la cabeza, (obviamente tampoco tenia una goma de pelo), para que no se me alborotara mas, si es que eso era posible a esas alturas. Y, finalmente, en esa posición, me quedé quieta, inmóvil más bien, no fuera a ser que la cosa se pusiera peor. Pero al rato, unos nenes de unos tres añitos, lindíiiiiiiisimos, se pusieron a mi espalda a jugar con la arena y me di la vuelta para observarlos porque estaban graciosísimos con una pala gigante que tenían, ¡madre mía, era enorme!, en serio, jajajajajajaja, casi no podían con ella. Y en eso estaba cuando un grupo de adolescentes (que ahora, al darme la vuelta, quedaban a mi espalda), me dio un balonazo con una pelota que, si bien no me dolió, fue la gota que colmo el vaso de nuestra ¨estupenda¨ tarde de playa. Cogimos nuestras cosas y huimos de allí lo más rápido que nos dejaron nuestros pies, con Romeo riéndose de mí, por supuesto.

Así que ahora tengo el pasillo de casa lleno de arena, el pelo con un millón de nudos, un balonazo en el muslo y una raya roja del sol en todo mi costado derecho.

Eso si, no voy a necesitar exfoliar mi cuerpo en mucho tiempo, que de eso ya se ha encargado la tormenta de arena. Eso lo tengo claro. Bueno, eso y que no vuelvo a la playa sin una sombrilla gigante con la que resguardarme del sol y del viento, y sin un par de conos de esos de las obras, para señalizar la posición de Romeo digo, ya sabéis, por si me apetece darme un baño, o, ahora que lo pienso, igual me van mejor un par de señales luminosas de neón.

¡No somos nadie!