Ayer firmamos el contrato y claro, nos entregaron las llaves. Así que ¿qué creéis que hicimos toda la tarde? Pues si, contemplar un piso vacío y reír y soñar. Pero vamos por partes:

Primero fuimos a la inmobiliaria y allí firmamos el contrato después de leerle muy despacio y con atención, que si algo me enseñaron en la facultad fue que nunca debo firmar nada que no haya leído antes. Vosotros tampoco lo hagáis. Nunca.

Tras la firma, el chico de la inmobiliaria tenía la intención de venir con nosotros a verlo otra vez. Al parecer es lo habitual aunque no comprendo la razón, pero finalmente le surgió algo y tras dudar un poco, le quitamos la idea de la cabeza; en realidad no hacía falta, ya lo habíamos visto antes y todo parecía estar bien. Nos lo agradeció. Y nosotros a el porque Romeo y yo nos moríamos de ganas de verlo solos.

Salimos corriendo de la inmobiliaria y sin parada técnica, ni nada de nada, pusimos rumbo a nuestro nuevo minihogar. Romeo me cruzó el umbral en brazos, como correspondía y ya dentro ¿qué creéis que ocurrió? Pues no, no lo que estáis pensando, sino todo lo contrario: comenzaron las discusiones. Que sí, que sí, discusiones , por todo. Que si como colocar el sofá, que si la cama bajo la ventana o a un lado, que si quitamos la mesa o la dejamos, que si tal y que si cual.

Además primer problema: no tiene horno. Lo se, eso no es un problema, no es primera necesidad ni muchísimo menos, pero Romeo y yo gustamos mucho de hacer enormes bizcochos de nocilla, y flanes y magdalenas y un montón de cosas más…Solución: comprar un horno pequeñito, de esos que van sin instalación, tipo microondas, para placer de nuestros paladares y disgusto de mi culo, que estaría mejor sin tantos manjares, eso seguro. No obstante, nueva discusión: ¿y donde ponemos el minihorno?...en fin.

Pero también hubo risas, besos y mucha ilusión, que no todo iban a ser peleas. El caso es que así pasamos la tarde …¡¡y tan contentos!!.

¿Y que le parecerá el piso a Cucurucho?