Bueno, bueno, bueno… ¿por donde empiezo? Pues por el principio, pero resumidito.

El jueves, aprovechando que era fiesta, Romeo y yo habíamos planificado un largo día de mudanza. Pensamos que ya que no nos íbamos de puente a ningún sitio, utilizaríamos estos cuatro días para hacer la mudanza y dejarlo todo listo para nuestro traslado.

Estábamos radiantes, ya os imaginareis: teníamos una cara de lelos que no podíamos con ella…y besito por aquí y manita por allá y venga decirnos chorradas…en fin, enamorados, empalagosos e, imagino, que completamente insoportables.


Como digo, todo empezó bien: comenzamos por llevar cajas de libros que teníamos en el garaje, míos y de Romeo, y alguna otra cosa como su equipo de música, sábanas, nórdico, etc…todo ello de nuestra etapa universitaria, y que esperaba pacientemente en el garaje, bien empaquetado, que llegaran días de mayor utilidad.

Los primeros viajes al pisito fueron muy divertidos: yo cantando en el coche a pleno pulmón canciones de amor a Romeo, Romeo metiéndose con mi voz, - que por mucho que el diga es aterciopelada y un regalo para los oídos que el no sabe apreciar -, risas, besos,…ya digo, genial . Pero a medida que avanzaba el día y empezamos a llenar cajas, cientos de cajas, miles, las cosas empezaron a resultar un poco coñazo. No obstante, nada preocupante, quiero decir que no pasó nada que no fuera de esperar tras un largo día de mudanza.

El viernes nos fuimos a Ikea, de compras claro, pero eso merece una mención especial en otro post. Lo dejo, por tanto, para más adelante.

El sábado reanudamos la mudanza. Me levanté llena de optimismo y de energía y sobretodo contenta, muy contenta, y comencé a llenar cajas. Al principio todo iba bien, como yo había imaginado, vamos, pero resultó que había pasado por alto el hecho de que Romeo llevaba tres días sin fumar y que, a consecuencia de ello, se transformó en un ser que no voy a describir para no dañar la sensibilidad de los lectores.

Total, al final del día la situación era la siguiente:

Yo: todavía no había empezado a recoger los libros de la habitación, la de mi casa paterna, que eran tres veces más que los que ya habíamos llevado del garaje, por no hablar de los apuntes de la oposición, que tenía invadiendo la habitación de mi hermano, y las mil chorradas que tenia en las baldas y mesitas, y, por supuesto, mi ropa, que la de Romeo ya la habíamos llevado, pero la mía…en fin, también nos faltaba el calzado, cosas de cocina…y un largo etcétera.

Romeo: él estaba, como decirlo… ¿poseído por un ser maligno? Si, creo que eso lo resume bien.

Total, un desastre.

El domingo, SIN COMENTARIOS, creerme, mejor no hablar de cómo transcurrió el día de ayer. En serio.

En conclusión: podía haber sido mejor, pero también peor. Lo único que me importa es que la dichosa mudanza ya está casi hecha. Nos faltan pequeñas cosas que ya iremos llevando despacio, con tiempo…

Yo: - ¿A que si Romeo?

Romeo: - Si, si…con el tiempo y un trailer

Yo: - ¡TE HE OIDO!