Conocí la obra de Gustav Klimt hace ya muchos años, cuando solo era una adolescente que todavía creía en los príncipes azules y en el verdadero y único amor. No podéis imaginaros como me impactó la primera visión de una obra suya. Lo recuerdo perfectamente. Por raro que parezca fue viendo la película ¨Elegir un amor¨ protagonizada por Julia Roberts y un actor cuyo nombre no recuerdo pero que hacía el papel de Victor, un niño de papa adinerado y, desgraciadamente, enfermo de leucemia. Pues bien, Victor se empeña en iniciar en el mundo del arte a Julia, de quien se enamora locamente cuando ella empieza a trabajar de enfermera para él a pesar de no serlo. La película no deja de ser un melodrama romántico de los 90, pero yo la recuerdo con especial cariño, porque desde entonces Gustav Klimt ha estado presente en mi vida decorando primero mis carpetas y libros y, después, las paredes de los pisos y apartamentos de mi época universitaria. Y también, porque, a pesar de que como ya digo, es un melodrama romántico sin más, cuenta una bonita historia de amor, y yo, aunque ya no creo en príncipes azules y medias naranjas, soy una romántica empedernida. Que le vamos a hacer, no tengo remedio.

Romeo comparte este gusto por Klimt. De hecho, hará poco más de un año, me llevó a Madrid a ver una exposición de su obra en la Fundación Juan March. El centro de la exposición lo constituía el Friso de Beethoven que, por supuesto, me dejó con la boca abierta, aunque confieso que yo gocé igual o más con cualquiera de los pequeños dibujos preparatorios de las figuras que lo componen, así como de otros cuadros que, para desgracia de todos, fueron destruidos durante la Segunda Guerra Mundial. Romeo también disfrutó mucho, pero no tanto como yo, claro, y tuvo que sacarme de allí prácticamente arrastras y después de comprarme tres láminas de sus obras. Si, tres. Pues bien, estas láminas, (bueno, en realidad dos de ellas porque la tercera se la regalé a Margarita por su cumpleaños el año pasado), han estado desde entonces guardadas en mi habitación como oro en paño esperando el lugar perfecto para ser colgadas. Y este lugar ha resultado ser el salón de mi nuevo hogar, bueno, nuestro nuevo hogar.

Resulta que mi padre, que además de ser el mejor padre del mundo entero tiene un gusto increíble para estas cosas, las llevó ya hace unos días a enmarcar y el resultado ha sido una auténtica pasada. Alucinante, en serio. Y ayer, mi madre y el se presentaron en casa con dichas joyas en la mano y un taladro, jeje. En cuanto me dijeron que aquellos enormes paquetes eran los famosos cuadros, pensé en colgarlos en el salón, pero acto seguido recordé que, hace tiempo, cuando todavía era un sueño lo de independizarnos y vivir juntos en amor y compañía, Romeo y yo hablábamos mucho de cómo sería nuestra hipotética futura casa. En esas conversaciones descubrimos que yo quería un salón lleno de libros y de cuadros de Klimt y Romeo un salón lleno de libros y discos y de posters de cine. O lo que es lo mismo, que la decoración de las paredes era algo que había que negociar.

Por ese motivo ayer pensé que, finalmente y muy a mi pesar, aquellos cuadros se quedarían sin colgar, al menos de momento. Pero cuando quitamos el papel con el que estaban cuidadosamente envueltos, todos pensamos lo mismo: ¡GUAU!, y, después, que tenían que ir en el salón. Ni tan siquiera nos costó decidir el lugar. Fue una decisión absolutamente unánime.

Ahora el salón, aunque esté mal que yo lo diga, es una pasada. Ha quedado muy acogedor muy cálido, tal y como Romeo y yo queríamos. Ya no tiene nada que ver con aquellas paredes blancas y muebles lineales y fríos que mirábamos desesperados al principio de llegar al piso. Estoy como loca de contenta porque, poco a poco, empiezo a sentir el piso como mi casa. Ya solo nos queda poner un poco curiosa la habitación pequeña, que será una especie de estudio, con el ordenador y los miles de libros y documentos de trabajo que Romeo y yo vamos acumulando, muy a pesar nuestro. Bueno, eso y que nos pongan Internet de una vez por todas, que estoy harta de ir arañando el tiempo para poder conectarme.

En resumen, los cuadros de Klimt han sido la guinda del pastel de otro perfecto fin de semana, también pasado por agua, por cierto, y es que parece que el clima esta de mi parte, jeje, y también con mantita, películas y palomitas, como a mi me gusta. Aunque no creáis que he estado todo el fin de semana encerrada en casa, que va. También he visto a Margarita, que vino de visita relámpago. Ah! y por primera vez en muuuuuuuuuuuucho tiempo, he madrugado en sábado. Esto que parece algo normal, es un hecho impensable en mi.

Resulta que una amiga de la infancia con la que me he reencontrado hace poco y que ahora tengo por vecina, me llamó a eso de las 10:30 de la mañana. Si, ya se que las 10:30 no puede considerarse precisamente un madrugón, lo se, pero en mi, que normalmente me levanto sobre la 13:30 o 14:00 h, (vergonzoso pero cierto, soy una marmota), pues es, como digo, algo impensable. Ella sabía que yo seguía siendo una dormilona empedernida, así que había estado haciendo tiempo antes de llamarme. Obviamente, cuando me dijo esto yo fingí llevar despierta ya un buen rato, no quería que se sintiera mal por haberme despertado y yo no quería pasar vergüenza, me entendéis ¿no?. Me propuso tomar un café en uno de los dos bares del pueblo y acepté, ya que estaba despierta me apetecía desayunar. Así que me lavé la cara, me planté el chándal y para allá que me fui. Cuando llegué me la encontré ya esperándome, perfectamente arreglada, muy guapa, porque lo es y leyendo el periódico. Y yo allí con los ojos todavía hinchados de dormir y dormir, y hecha un adefesio, jeje…en fin, la tía ya había limpiado la casa, preparado la comida y se había puesto guapa porque para un día que no tenia a la niña, según me dijo, quería aprovechar el tiempo. Admirable. El caso es que se había enfadado con el marido, así que, entre tostada y tostada pusimos a parir a los hombres, jeje.

Y ese ha sido mi fin de semana. No es mucho, pero para mi suficiente.

Y ahora os dejo con algunas de las obras de Klimt, que imagino que ya conoceréis (alguno de vosotros ya se que si) pero que siempre es un placer mirar.


Nota: Gustav Klimt: (1862-1918) Pintor austriaco, que representa una particular visión del Modernismo y fundador de la Secesión Vienesa.