Estoy malita, lo que significa que esto será un post breve, apenas un resumen, resumidísimo, de los últimos días.

Veamos:

El viernes, Romeo fue a buscarme al trabajo y tras una parada técnica para comprar algo rápido para comer (es que no nos apetecía cocinar, nada de nada), colocamos nuestras posaderas en el sofá, y comimos alegremente, porque eso es lo que tienen los viernes, que son alegres. Después, con el mando de la tele en una la mano, y la cuchara para el helado, en la otra, me dispuse a disfrutar del último capítulo de la telenovela.

Por su parte, Romeo, que es muy atento, aprovechó ese rato en el que me sabía absolutamente perdida, para ir él solito a hacer la compra para el fin de semana. Más lindo. Y luego colocó la copra… Aiinnnss!!

El caso es que yo estaba disfrutando del capitulazo final, pasándomelo pipa, debo decir, (y engullendo helado de yogur con frutas del bosque), cuando empecé a encontrarme algo mal. Me dolía un poco la garganta, pero bueno, a mi siempre me duele la garganta. No le di importancia. Sin embargo, cuando Romeo volvió, me di cuenta de que, sorprendentemente, estaba afónica. De ahí, todo fue a peor, claro. Total: que Romeo me había pegado el catarro. Justo el fin de semana, ese en el que, después de tres semanas, Romeo iba a ser solo para mi. En fin…resignación.

Los sobres que me tomé me dejaron hecha polvo y medio adormilada (nunca tomo nada y claro, cuando lo tomo…), pero bueno, Romeo me hizo la cenita y después a la cama.

El sábado, más de lo mismo. Me levanté tarde y al sofá. Tele, siesta, dalky de chocolate, más tele, libro, play station, palomitas…en fin, ya os lo imagináis. Claro, a eso de las ocho de la tarde estaba harta de tanto sofá y, decidimos salir a la farmacia de guardia y, de paso, a coger unas películas al videoclub. Decidí acompañarle para espabilarme un poco, total, de casa al coche y del coche a casa no podía hacerme mal.

Primera parada, la farmacia, sin problema.

Segunda parada, el videoclub. Problema: aparcamiento.

Finalmente, lo conseguimos a cinco minutos del susodicho videoclub. Y por el camino: ¡¡¡¡MERCADO MEDIEVAL!!!!. ¡¡Con lo que me gustan, además medieval!!. Estaba claro: no podía perdérmelo. Así que agarré a Romeo del brazo y de puesto en puesto. ¡Cuantas cosas bonitas!. Y por supuesto volvimos a casa con un pedazo de trozo de bizcocho de chocolate, para cenar. Luego, por fin al videoclub y de vuelta a casa. Yo, otra vez al sofá y a la mantita. Romeo a hacer Crepes con chocolate. Mmmmm…riquísimas. Con el cola cao, por supuesto. Y después, me quedé dormida. Pero como un tronco. Así que ni película ni nada.

El domingo nos habían invitado a pasar el día en el campo, con el bocata y el termo de café. Yo no estaba para ir, así que me quedé en la cama y Romeo fue a hacer acto de presencia, tiempo que aproveché para ver la película que no había visto el día anterior. Que me encantó, por cierto. Y luego, con Romeo ya en casa, pues tarde de domingo. Ya me encontraba mejor y aproveché para recoger un poco, aunque Romeo ya había limpiado el salón y el baño y el pasillo. Si es que un cielo.

Así que, fin de semana acatarrada pero con mimitos. Todo un lujo.

Y el lunes, o lo que es lo mismo, hoy, pues trabajar, estudiar, comer, jugar con Cucurucho, sofá y conversación con Romeo y, ahora, té rojo y ordenador. Y a continuación, cuando grave esto para colgarlo mañana, imprimiré un cuadro de Botero a tamaño casi folio para ponerle en un marco que he reciclado de por ahí, en el baño, que he descubierto un clavo entre los azulejos que es el lugar perfecto para colgarlo. Que sí, que sí, que además los colores del cuadro me pegan con los accesorios del baño. Va a quedar genial.

Y eso es todo por ahora. Muack!!