Nota: escrito el domingo 29 de junio de 2008.

He tenido un buen fin de semana. De hecho, hacía tiempo que no disfrutaba tanto. Veréis:

El sábado por la mañana, tempranito y por sorpresa, vinieron a ponerme, por fin, la línea telefónica (de la que paso totalmente) e Internet (que es lo que anhelo con desesperación). Prácticamente tuvimos que tirarnos de la cama para que el Técnico no nos pillara en los brazos de Morfeo, pero no me importó en absoluto. Con las ganas que tenía el madrugón me supo a gloria. Sin embargo, el gozo duró poco porque, cuando 10 minutos después de que el Técnico se fuera, me planté delante del ordenador con las tostadas, el cola cao, el zumo de naranja y toda mi ilusión, dispuesta a publicar mi primer post desde mi nueva casa, resultó que el router se colgaba y no había forma de publicar nada, ni de comentar, ni de nada de nada. En fin, llamada telefónica al servicio técnico y como conclusión que el dichoso router no iba bien. Así que, mi gozo en un pozo y la promesa de que mañana mismo, vienen a solucionarlo. Menos es nada.

Hacía un día estupendo y Romeo y yo pensamos en ir a la playita. No es que nos guste mucho eso de tirarnos en la playa cual cangrejos, pero un rato para ver y oler el mar y, sobretodo, disfrutar de sus olas en eternos baños salados, pues como que si nos gusta, claro, ¿y a quien no? Pero antes de salir de casa había que recoger un poco: hacer la cama, fregar las tazas del desayuno, recoger la ropa del tendal y regar las plantas. Y en eso estaba, regando las plantas digo, cuando descubrí con sorpresa que unas semillas que había plantado el jueves ya estaban creciendo. Increíble. Bueno, tal vez no lo sea, pero el caso es que, como ya he comentado alguna vez, no tengo buenas manos para las plantas. Yo las cuido con esmero: las riego, las pongo a la luz, las hablo, si hasta las canto a veces, jeje, pero nada, que se me mueren (aunque desde que nos mudamos hemos comprado unas cuantas y tengo que decir que están todas que da gusto verlas, y las cuido yo, no Romeo, no vayáis a pensar; debe ser que mi suerte con las susodichas esta cambiando).

El caso es que yo nunca había plantado un semillero como el que planté el jueves con toda mi ilusión, y aunque las planté con mucho amor, jeje, pensé que de allí no podía salir nada. Pero oye, que estaba equivocada. Me emocioné tanto que cambiamos de planes y nos fuimos a un invernadero estupendo que hay aquí cerquita, para comprar un plato de esos que se ponen debajo del semillero, para que siempre tengan agua, ¿cómo se llaman? bueno, que ahora no me acuerdo. El caso es que nos fuimos para allá y volvimos con el plato ese y otra plantita para el salón. Y yo más contenta que unas castañuelas. Hasta se me pasó el cabreo que me había pillado por lo de Internet. ¿No es increíble que de unas semillitas puedan crecer flores fascinantes? Es la magia de la vida.

Ya en casa, preparamos la comida y, tras zampárnosla, me tiré en el sofá a ver una película mientras Cucurucho, toda espatarrada ella en mi tripita, ronroneaba de gusto con mis caricias. Me quedé dormida, claro. Bueno, las dos. Y así pasamos la tarde.

Luego, me planté mi peto vaquero minifaldero (ya digo que hacía un calor espantoso) y nos montamos en el coche rumbo a Castro Urdiales. Era la semana grande, o sea, fiestas, y había algo que yo quería ver como fuera (pero eso no os lo cuento todavía, me lo reservo para el final, jejeje). De hecho estaba contando los días desde hacía más de un mes.

Llegar allí nos supuso un laaaaaaaaaaaaaargo rato de coche, pero mereció la pena, ya veréis el por qué. Además, durante el trayecto, pudimos deleitarnos la vista viendo a Lorenzo pegarse un baño antes de acostarse. En serio, una puesta de sol alucinante. Y al llegar allí esto:

¡Aaaaaaaaaayy! que bonito es Castro Urdiales. Si no lo conocéis no podéis perdéroslo.

Estaba de gente a reventar, un ambientazo increíble. Dimos un pequeño paseo para disfrutar de las vistas, y luego, de tapeo. Cañitas, pinchitos, risas, besos,…genial. Y de postre, mientras nos dirigíamos al sitio en el que tendría lugar lo que yo llevaba esperando tanto tiempo, pues un gofre de chocolate y nata. Si es que no tengo remedio, que no, que no, que a este paso en lugar de bajar esos kilitos los gano. Pero chica, la vida es corta y el día lo merecía.

Por fin llegamos. La plaza del Ayuntamiento era más pequeña de lo que me imaginaba, pero las vistas desde allí eran una pasada y, además, la habían decorado con mucha gracia, como se puede apreciar en las fotos:

Y a las 00:00 en punto ¿que creéis? Concierto de……tachan tachan…¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡LOS SECRETOS!!!!!!!!!! Aaaaaiinns!!! Disfruté como una renacuaja. Abrieron el concierto con ¨Ojos de gata¨ y luego ¨Hoy la vi¨, ¨Te he echado de menos¨, ¨Buena chica¨, ¨Y no amanece¨, ¨La calle del olvido¨,¨Ojos de perdida¨, ¨Cada vez que tu me miras¨, ¨Sobre un vidrio mojado¨, ¨Agarrate a mi Maria¨, ¨Qué sólo estás¨, ¨Volver a ser un niño¨, ¨Quiero beber hasta perder el control¨, ¨Pero a tu lado¨, …en fin, todas, una tras otra. Una gozada. Nos regalaron dos bis, y al final, fuimos el público los que cerramos el concierto cantando ¨Déjame¨ a voz en grito, mientras el grupo hacía los coros, jejeje. Estuvieron increíbles, contentos, divertidos, un lujazo de concierto. Brutal. Hasta tocaron ¨Por el bulevar de los sueños rotos¨, que es una canción que de siempre me pone el vello de punta. Es cierto que la versión que más me gusta es la que cantaba el gran, gran, gran, gran, gran Enrique Urquijo, al que, inevitablemente, se echo de menos, como no podía ser de otra manera, pero Álvaro no se quedó atrás, que va.

Reí, canté, grité, bailé, hasta se me escapó alguna lagrimilla, pero esto no se lo contéis a nadie. Es que últimamente tengo la lágrima fácil, no se por qué, estoy muy sentimentalona, están pasando muchas cosas a mi alrededor, y muchos cambios, y bueno, que emocionalmente ando un poco loca, ¡pero si a veces me emociono con la música mientras limpio la casa!. El caso es que algunas canciones invadieron mi alma melancólica y salvaje. Es la magia de la música. La magia de Los Secretos.

En fin, conciertazo como pocos, ya digo: BRUTAL.

Y como el post va de magia y resulta que hay alguien en este pequeño mundo coctelero que en cada post nos regala la magia de sus preciosas flores y, también, la magia de todas las canciones que forman parte de su vida, de la cual nos hace participes (todo un honor); y porque, además, según nos cuenta, últimamente anda un poco desanimada, pues aquí dejo este regalito en forma de fotos para ella, Bruxana, para que se anime un poco o, al menos, sonría un poquitín, que sonreír siempre es divertido.

Las fotos las sacó Romeo que es un artistazo (al menos a mi me lo parece), porque yo ni saltando hubiera conseguido sacar algo decente entre tanta gente. Y eso es todo, un concierto brutal como punto final de un sábado mágico.

Por cierto, Romeo me regaló por mi cumpleaños un recopilatorio especial, que sacaron hace unos meses, para celebrar los 30 años de Los Secretos. Tiene 2 Cd´s con las mejores canciones y otros 2 DVD´s con videoclips y archivos de TVE que son una auténtica pasada. Además incluye un pequeño librillo que contiene toda la historia del grupo desde sus comienzos y la discografía completa. Una verdadera joya. Os lo recomiendo. Se llama ¨LOS SECRETOS. 30 AÑOS¨.

Eso por lo que se refiere al sabado. El domingo, o sea, hoy, pasamos el día en el campo. El tiempo no nos acompañó mucho, pero teníamos donde resguardarnos y la compañía era inmejorable, así que otro día genial.

Lo malo es que ahora estoy tan cansada que necesitaría otro fin de semana para descansar de este, jeje, pero ya se sabe que no se puede tener todo. Muaaaack!!