Bueno, bueno, bueno, pues parece que hoy el dichoso router ha decidido ponerse a trabajar después de descansar todo el fin de semana. Si, otra vez con problemas de conexión desde el viernes, en fin…que no voy a entrar en detalles porque me mosqueo. Así que mejor aprovecho ahora, no vaya a ser que se canse nuevamente y se fastidie la cosa.

…Pero claro, así de pronto… no se que contar, no contaba con poder publicar hoy. En fin, hagamos memoria:

El viernes, después del trabajo y de una suculenta comida, Romeo y yo nos fuimos a hacer la compra semanal. Como siempre, vamos: que si vuelta para acá y vuelta para allá, y entre vuelta y vuelta, algún escaparate que mirar y claro, como no podía ser de otra manera, alguna comprita de más. Pero esta vez yo fui buena y no me compré nada, no, no. Sólo Romeo sucumbió a los encantos de la moda y se compró una camiseta, jeje, (pobrecito, cualquiera diría que está todo el día comprando, cuando, en realidad, pasa bastante de esas cosas y si no fuera por mi, que le doy la turra para que renueve camisetas o pantalones, él ni se da cuenta de que ya le va haciendo falta).

Y poco mas, porque yo andaba cansada, pero muy, muy cansada, así que de allí nos volvimos para casita. Sin más.

El sábado, aunque me hubiera quedado en la cama hasta las dos de la tarde, (soy una dormilona total, nunca me canso de dormir y dormir) pues eso, que aunque me hubiera quedado vagueando entre las sábanas, fui buena, otra vez, y me levanté prontito para limpiar toda la casa enterita, que falta le hacía.

Romeo no estaba, así que puse ¨Los Secretos¨ a todo meter y con Cucurucho siguiéndome a todas partes (y pisándome lo fregado y dejando marcas de sus patitas por todos los sitios) empecé con la tarea, no sin antes desayunar mis ya conocidas tostadas con cola cao y zumito de naranja, que una cosa no quita la otra.

Hecho lo anterior, me puse el delantal y la coleta de maruja y a cocinar. No tenía muy claro lo que iba a salir de allí (sin Romeo al lado por si las moscas, cualquier cosa puede pasar), pero, oye, que la cosa no estuvo nada mal. Os cuento:

Resulta que Margarita y su amantebandidocorazóncorazónmalherido, habían venido a pasar el fin de semana a la tierruca y claro, por la tarde venían a casa de obligada visita, y digo obligada porque la última vez se complicó y hacía como un siglo que no nos veíamos, así que tenían que venir, si o si. Y vinieron, claro, pero me estoy adelantando a los hechos. A lo que iba: el caso es que había sido el cumpleaños de amantebandidocorazóncorazónmalherido y Romeo y yo queríamos darle una sorpresita. Así que pensamos en hacer una merienda rica-rica y con fundamento, jeje.

Romeo optó por hacer sus famosas crepes de chocolate, mmmmm, y además, hizo también un sirope de limón que estaba para chuparse los dedos uno a uno y volver a empezar. Y yo…yo no tenía ni idea de que hacer. Finalmente, hice las Rosas del desierto, ya sabéis, aquellas de las que os hable, pero sustituí los cereales por las avellanas y me decidí por el chocolate blanco. Y aunque esté mal que yo lo diga, estaban de muerte. Y como la cosa no me quedó nada mal, pues me emocioné (como me pasa siempre) e intenté hacer más cositas. El resultado fueron unos mini….¿bombones? de chocolate y nata. Veréis:

Fundí chocolate negro en el microondas y luego, sobre papel film, ya sabéis, del transparente de toda la vida, echando cucharadas (pequeñas), una a una, separadas, y extendiéndolas hasta formar pequeñas circunferencias, hice la base y la tapa, por decirlo de alguna manera, de los bombones. A la tapa le añadí trocitos de avellana, que me habían sobrado de las Rosas del desierto, para decorar. Luego lo metí en la nevera hasta que se enfrió bien.

A continuación, hice una crema de chocolate, para el relleno. Esta la hice calentando a fuego lento nata líquida (utilicé la mitad de esas cajitas especiales para montar, ya sabéis que las hay para cocinar y para montar, pues de estás ultimas, de 200 ml, es decir, que utilicé 100 ml, éramos cuatro personas; lo siento, cocino a ojo porque soy malísima para las medidas). Pues eso, que calenté la nata a fuego lento y luego añadí, troceada, media tableta de chocolate con leche. Removí hasta que se deshizo bien el chocolate y luego lo dejé hervir durante un par de minutos. A continuación, también a la nevera durante una hora para que espesara.

Bien, pasada la hora, separé con cuidado las bases y las tapas de chocolate negro del papel film y las monté, poniendo en el medio, con la ayuda de una manga pastelera que improvisé con una bolsa de congelados, jeje, un poco de la crema de chocolate, bordeando la base, y en el medio un poco de nata montada. No se si se me entiende, espero que si. Es decir, la base de chocolate negro que no tenía avellanas; en el medio, la crema de chocolate y la nata montada; y luego, la tapa de chocolate negro decorada con las avellanas. También los hice sólo de nata y sólo de crema de chocolate. Y estaban muy ricas, si, si. Todo un invento, mmmmm….

Bueno, pues eso, que me puse en plan repostera y, después, con Romeo ya en casa, en plan cocinera, porque había que comer, claro, aunque en esta ocasión si me ayudó Romeo. Después, mientras Romeo preparaba la masa para las crepes y el sirope de chocolate y de limón, yo me tiré en el sofá a gozar de un merecido descanso, y luego, a inflar globos y a poner la mesa (lo se, lo se, ya no tenemos edad para globitos, pero a mi me gustan ¿qué pasa?, jijiji).

Cuando llegaron Margarita y su amantebandidocorazóncorazónmalherido, estaba todo listo. Nos sentamos a la mesa, comimos hasta hartarnos y sacamos fotos para el recuerdo, entre risas y brindis con chocolate a la taza (la cosa iba de chocolate, que le vamos a hacer)

A las dos horas, Romeo y amantebandidocorazóncorazónmalherido fueron abducidos por el ordenador y la infinita colección de música de Romeo, y Margarita y yo hicimos lo único que podíamos hacer: bebernos un sin fin de cervezas y cotillear como auténticas cotorras. Fue genial, la verdad sea dicha. Claro que, inevitablemente llegó la despedida así que, hasta dentro de muuuuuuuuucho tiempo, no habrá más cotilleos varios con Margarita. Así es la vida.

Y el domingo, pues muy tranquilito y con un poquito de resaca, debo decir, porque nunca bebo y claro, cuando lo hago…en fin. Me levanté a eso de las once porque me despertaron las campanas de la Iglesia y luego ya no hubo forma de poder dormirme otra vez. Salimos a comprar el pan y el periódico y después de comer, siesta y sofá.

Y eso es todo. Bueno, y que ahora tengo la casa llena de globos y a Cucurucho encantada de la vida jugando con ellos y dándonos unos sustos de muerte cada vez que sus uñas explotan alguno.Está enloquecida con los globos, ¡jejeje…si pudierais verla!.

Muaaack!!

Nota: se que tengo pendiente el post del viaje-visita, pero es que ando un poco vaga, es el dichoso calor, y si a eso le sumamos los problemas con Internet y que tenía pensado ilustrarlo con muchas fotos y resulta que casa vez que cuelgo alguna se me bloquea el blog y luego tengo que andar buscando como solucionarlo y para eso soy muy negada y bla, bla, bla, …pues como que no tengo ganas de ponerme a ello. Pero ya me llegará la inspiración.