Con una maleta llena de ilusión, una cámara de fotos y un libro, Romeo y yo poníamos en marcha el coche rumbo a Castilla León, a las cuatro y media de la tarde de un caluroso viernes de junio. El objetivo del viaje era, nada más y nada menos, que dar la bienvenida a este mundo a una personita que, por aquel entonces, solo contaba con cuatro días de vida. Lo que no imaginábamos era que, además de eso, el viaje iba a regalarnos un montón de sorpresas y momentos para el recuerdo.

Atrás, y con mucha pena, dejábamos a Cucurucho, quien, sin embargo y para mi sorpresa, no parecía estar afectada por nuestra marcha cuando al sacarla de su transpotín, vio donde se encontraba: la casa de mis padres, claro que, hasta hace apenas unos meses, también era su casa. Abrió unos ojos como platos, se pegó unas cuantas carreras por los enormes pasillos y, finalmente, completamente agotada, se tumbó en el que durante años fue su sillón a ronronear de gusto con las caricias de mi madre.

Vale, vale, al tema: Por delante, teníamos 4 horas de viaje con un calor asfixiante, así que, con la única intención de amenizar el trayecto, decidí regalarle a Romeo un conciertazo y comencé a cantarle todo un selecto repertorio de canciones a voz en grito. Sin embargo, él no supo apreciar el encanto de mi aterciopelada y dulce voz, y al rato optó por pasar de mí y poner un CD. Como cabía esperar, su reacción me indignó completa y absolutamente, y decidí hacer lo propio. Abrí el libro:

¨…Hace tres días que Juana (Juana la Loca) se niega a abandonar la garita del guardián. (…) Afirma que es prisionera y permanecerá donde la han detenido.

- ¡Idos –aúlla Juana -, partid! (…)

- Me quedaré solo el tiempo necesario para hacerte entrar en razón, hija mía. En cuanto hayas regresado a tus aposentos, me iré.

(…) Acurrucada en un sillón, la joven no deja de mirar a su madre. La reina (Isabel la Católica) se acerca a pasos lentos, se instala en el incómodo asiento.

- He venido como madre, como amiga.

- Dejad de intentar ganarme para vuestros fines con pequeños halagos que no pueden ya engañarme. (…)

- He escrito a Felipe diciéndole que te harás a la mar en abril. ¿Estás satisfecha?

- No os creo. No habéis dejado de mentirme y mi marido no confiará en vuestras promesas. Cien veces me ha dicho que dudaba de vuestras buenas intenciones para con nosotros, que os consideraba una adversaria.

- ¡Cállate, divagas!

- Madre, conozco lo que se oculta bajo vuestras atenciones. Sin duda me consideráis una boba que no entiende ni comprende nada, pero desde que llegué a España no he dejado de escucharos, de observaros. Odiáis a Felipe y me consideráis algo sin importancia.

- Jamás- balbucea la reina. (…)

- Y habéis cometido un grave error de apreciación, pues Felipe y yo estamos decididos y somos solidarios.

- ¡Cállate! –ordena Isabel.

- Bastaba con dejarme partir si no queríais escucharme. Felipe será rey de Castilla y ambos gobernaremos con total inteligencia, pues nos amamos.

- ¿Sabes acaso lo que es el amor, pobre hija mía? El amor es caminar como yo junto a un hombre, y tú te arrastras a los pies de Felipe.

- ¡Si mi padre os hubiera amado como afirmáis, no habría tenido tantas amantes!

Un súbito rubor sube a las mejillas de la reina. Juana no tiene derecho a pronunciar esas palabras, las únicas que pueden humillarla todavía. (…)

-----------------------

La reina se enfrenta a Cisneros. Tres semanas le han sido necesarias para recuperarse de la horrible escena, pero ahora está dispuesta a regresar a la Mota. (…)

- Cisneros, Juana está enferma, enferma de amor si esta palabra puede significar algo, pero mi pobre pequeña curará, y tal vez más de prisa de lo que cree...¨

(Fragmento de la novela-histórica ¨Loca de Amor¨, de Catherine Hermany-Vieille)

En este momento de la lectura, Romeo, que ya llevaba conduciendo unas horitas, me comentó que ya iba siendo hora de parar a descansar. ¿Pero donde? Pues en Medina del Campo, claro, nos cogía de camino y así podríamos ver el Castillo de la Mota, donde siglos atrás tuvieron lugar los apasionados acontecimientos que el libro acaba de ofrecerme.

Y esto fue lo que vimos:

El Castillo de la Mota fue construido sobre los restos de una fortaleza musulmana del siglo XII, en 1440 por la familia Fonseca. Durante el reinado de los Reyes Católicos fue fortalecido llegando a ser considerado unos de los mejores castillos europios de la época. Mucho más tarde fue prisión de Estado.

Me pregunto desde cual de estos torreones pensaría Juana día y noche en su amado Felipe. Tal vez, si hubiéramos podido visitarlo por dentro algún guía nos lo hubiera contado, pero no tuvimos esa suerte. Aún así, el paseo fue una delicia.

Después, hechas las fotos y satisfecha mi curiosidad, Romeo y yo fuimos a dar una vuelta por el pueblo y aprovechamos para tomar algo fresquito porque el calor era insoportable, y aquí tengo la prueba de ello:

Luego, más coche y, finalmente, llegamos a nuestro destino: Salamanca.

Lo primero que hicimos fue ir a ver a la personita que había motivado nuestro viaje, claro. ¡Ay, que linda! Era un bebe tan chiquitín, jiji, como todos, claro, pero yo siempre me sorprendo al observar su placido sueño y ver esas manitas tan pequeñas, jeje, una preciosidad. Emocionados, felicitamos a los orgullosos papis, y luego regalitos, cotilleos, risas, cena, en fin…momentos inolvidables para el recuerdo.

Ya de camino al lugar en el que pasaríamos la noche, dimos un breve paseo por la ciudad, más por placer que por necesidad, y sonreímos al comprobar que estaba tan hermosa como siempre.

Después, con la ilusión puesta en el día siguiente, nos acostamos con la intención de gozar de un sueño reparador, si es que nos dejaba el calor, claro…Continuará.