Hoy iba a contaros la segunda parte del viaje visita, pero al llegar a casa (y después de la agotadora mañana de trabajo que he tenido) me he quedado frita. Si, si, como una autentica ceporra, y menos mal que Romeo me arropó un poco con la sábana, que sino ahora estaría estornudando sin parar. No es que haga frío, que va, todo lo contrario, lo que pasa es que al llegar a casa lo primero que he hecho ha sido abrir todas las ventanas para que corriera un poco de aire, y, después, me he quitado la ropa para disfrazarme (así es como llamo a mis pijamas/piratas/mallas de andar por casa: el disfraz, jeje, porque ciertamente parece que estoy disfrazada) pero antes, quería darme una ducha y me he tumbado en la cama a estirar un poco la espalda mientras Romeo salía del baño, y esperando, me dormí. El caso es que me he despertado hace un rato (esta noche va a ser muy laaaaaaaaaga) porque Romeo no ha querido hacerlo, decía que parecía estar muy a gusto, y claro, ahora estoy un poco atontada.

Además, me apetece más cotillear un poco con vosotros que ponerme con el Photoshop a darles formato Web a las fotos con las que quiero ilustrar el susodicho post. En fin, que la segunda parte del viaje tendrá que esperar un poco más.

La verdad es que no tengo mucho que contar, bueno, quiero decir nada especial/diferente. Los últimos días ha transcurrido con normalidad, y mucho calor. A ver si esto acaba pronto porque voy como alma en pena por las esquinas, ¡madre mía que calor!…aunque no llega a los 43 grados del viaje, claro, de lo contrario ahora estaría llorando y no sentada delante del ordenador, jejeje

Pues como decía, poca cosa. Veamos:

El martes pasado (madre mía, hace como un siglo que no posteo nada), pues eso, el martes, Romeo y yo ¿disfrutamos? de nuestro primer día de playa del verano. Y digo ¿disfrutamos? porque a pesar de que era un día entre semana, y a una hora más que rara (llegamos a eso de las 18:00 de la tarde, largas, después de trabajar, comer y pasar por casa a por el bikini y a jugar un poco con Cucurucho, que la pobre llevaba todo el día solita), pues como digo, a pesar de eso, la playa estaba a rebosar de gente. Aparcar fue casi un milagro y encontrar un sitio entre tanta toalla ni os cuento.

No llevábamos crema protectora, (muy pero que muy mal hecho, lo se, pero es que ya digo que era el primer día que íbamos y nos pilló por sorpresa), así que, entre eso y que no me gusta nada de nada ponerme al sol en plan vuelta y vuelta, la idea era pegarnos un chapuzón entre las olas, disfrutar un poco del olor y el sonido del mar y volver a casa raudos y veloces. Y esto último lo cumplimos (no estuvimos ni una hora), pero lo del baño lo dejamos para otro día porque, como ya digo, allí no entraba ni un alfiler, y cruzar la playa desde donde estábamos para llegar al mar parecía una misión imposible. Pero bueno, me gusto ver el mar en todo su esplendor y volver a esa playa a la que hacía años que no iba. Me trajo muchos recuerdos de la infancia. Además, me traje un par de conchas muy monas con las que me haré unos pendientes, o igual mejor una tobillera, ya veremos.

Por la noche, como yo no trabaja al día siguiente (era fiesta en el municipio), convencí a Romeo (el si trabajaba, jiji) para ir un ratito a la fiesta. Hacía muy bueno y gustosa me hubiera puesto las ¨pisa mierdas¨ y me hubiera metido algún que otro kilómetro hasta llegar al sitio en cuestión. Y es que la fiesta consiste en eso: se va andando hasta la Iglesia a encender una vela y luego a misa, creo, y después se pasa el rato con los amigos entre cañas y rosquillas bailando en la romería. Pero ya digo que Romeo si trabajaba al día siguiente, así que tuvimos que coger el coche y luego aparcar, ufff…cada día soporto menos los coches. En fin, que ya me estoy liando como siempre, que llegamos, aparcamos, y nos dimos una vuelta por allí, que estaba lleno de gente, pero lleno-lleno. Y claro, entre tanta gente nos encontramos con un montón de personas a las que hacía años que no veíamos, es lo que tienen las fiestas de los pueblos. Estuvo muy bien, la verdad sea dicha. Antes de volver a casa tomamos un par de refrescos y echamos algún baile, jeje

Al día siguiente, miércoles, me levanté tarde (¡por fin!), aunque no tanto como me hubiera gustado porque me despertó el cartero, en fin…y como buena ama de casa, recogí un poco e hice la comida para Romeo y para mí. Y por la tarde, cuando me iba a sentar a cotillear con vosotros, recibí la visita inesperada de una amiga, bueno de dos, la mamá y su pequeña de tres añitos, preciosa, jeje…así que pasé la tarde cotilleando con ella, con la mamá, mientras la peque se lo pasaba en grande con Cucurucho, unos folios y mi caja de pinturas. Hizo un dibujo muy mono que luego me regaló, y que ahora decora la puerta de mi nevera.

El resto de la semana, de locura, como siempre, vamos.

Y el fin de semana recibimos otra visita. Ésta vez de un amigo de Romeo, que ahora también es mío, claro, al que queremos un montonazo. Vino a conocer el pisito nuevo, que le gustó mucho, y a descansar, según dijo, aunque no se si descansaría mucho, porque aunque el sofá (que se hace cama) es muy cómodo, no deja de ser un sofá, jeje, y, además, Cucurucho andaba en celo y nos regaló un conciertazo de maullidos que duró toda la noche. Madre mía, el pobre sufrió acoso por parte de nuestra amiga gatuna durante todo el fin de semana, pero él, que es todo un caballero, aguantó como un campeón y la mimó todo lo que pudo y un poco más. Resumiendo: Romeo y él juraron a la Play mientras yo trabajaba un rato (otra vez me tuve que traer trabajo a casa), luego una cenita tranquila con buena conversación y unos chupitos del limón chelo que Margarita y amantebandidocorazóncorazónmalherido nos habían traído de su último viaje a Roma, riquísimo por cierto. Al día siguiente desayunamos muy tranquilitos también, y luego nos fuimos a conocer un pueblo muy bonito que hay aquí cerca, y a ver su Mercado Medieval. Estaba lloviendo, aunque hacía mucho calor, así que no había demasiada gente y pudimos ver todos los puestos con tranquilidad. Por cierto, me llamaron mucho la atención unas hojas metalizadas (hojas de los árboles), preciosas, pero me resistí a sus encantos, aunque ahora me estoy arrepintiendo porque eran realmente bonitas. Luego, un vermú y a casita a comer. Nuestro amigo se marchó después del café porque tenía un largo viaje por delante, y Romeo y yo nos tiramos en el sofá a perrear, esto es, a leer, ver una película, dormir, …con la lluvia golpeando los cristales, mmmm…genial.

Y eso es todo, bueno, eso y que hoy, antes de ir a casa, nos fuimos emocionados perdidos a comprar (después de mucho ahorrar) la Wii y la Wii Fit (ya me estoy viendo haciendo step, aerobic, yoga…como loca, jiji), pero, como no podía ser de otra manera, estaban agotadas. Nuestro gozo en un pozo. En fin, seguiremos esperando.

Y ahora si que si: Os dejo que Romeo y yo vamos a preparar la cena. ¡¡Muaaaack!!

(Oye, que a gusto me he quedado, que ya echaba de menos esto de cotillear con vosotros…jiji, no tengo remedio).