Llevo tantos días sin cotillearos nada que no se por donde empezar. Supongo que lo lógico sería hacerlo por el principio. Bien, pues voy a ello:

He tenido un puente (aquí el lunes fue fiesta) raro, muy raro. El caso es que la cosa empezó bien. Requetebién en realidad, pero claro, ya se sabe, después de la tormenta siempre llega la calma, y en mi caso, como no podía ser de otra manera, fue al revés. vereis:

El jueves, mi amado y dulce Romeo, jeje, partió a media tarde hacia tierras castellanas a una esperadísima despedida de soltero. Como consecuencia de ello, yo tendría por delante tres días, bueno tres y medio, para hacer lo que me viniera en gana, jiji, y eso significaba, según mis planes, acabar con millones de cosas pendientes, y por supuesto, disfrutar de un merecidísimo descanso. Vamos, que yo me veía todo el fin de semana haciendo esas cositas que tanto me gustan, como leer un montón de cosas que tengo pendientes, acabar el post del famoso viaje-visita y cotillearos un montón de cosas más, ordenar fotos, coser alguna cosita, planchar (esto no es que me guste, pero también lo tenía pendiente), cocinar cositas ricas sin riesgo de envenenar a nadie más a que mi misma, en fin…disfrutar de mi mundo particular en compañía de Cucurucho.

Bueno, pues como ya he dicho, la cosa empezó bien. El jueves, después de que Romeo se fuera, dejé toda la casa recogida y reluciente para poder disfrutar por entero de tanto tiempo libre, y luego, ya solo tuve tiempo de juegos varios con Cucurucho, cenar y dormir. Lo normal, vamos.


El viernes, a media mañana, entre montañas de papeles y llamadas, descubrí un mensaje pendiente en el móvil, en el que se me informaba de que esa misma tarde mis amigas habían convocado café/cotilla. Bien, la tarde prometía. Así que después del trabajo y de comer con mi madre, disfruté de tres horitas de terracita, buena conversación y muchas risas con las susodichas. Luego, cuando me dirígía a casa, me surgió una cañita, también en muy buena compañía, que, además, me supo a gloria dado el calorazo que hacía. Finalmente, llegué a casa. Bien, ahora si, pensé, venga, comienza mi tiempo. ¿Con que me pongo? Pues con la hora que era, tocaba cenar. Vale, ¿qué puedo cocinar? veamos,…¿qué tal …? va, no, mejor hago…bueno, si es que en realidad no tengo tanta hambre, me dije,…uff, y estoy muy cansada,…bueno, una ensaladita y mañana ya me pongo en ¨modo cocinera¨.

Después de cenar me dije que era un buen momento para el blog, pero entonces me llamaron por teléfono, y claro, raja que te raja, que en lo que rajaba empezó algo en la tele, creo que una de las millones de series de las que soy o he sido (porque es posible que fuera una reposición) adicta alguna vez. Bien, me dije, veo la serie y me pongo con el blog. Claro, claro, ilusa de mí, me quedé frita en el sofá. Me desperté a las dos y pico de la mañana y lo máximo que pude hacer fue arrastrarme hasta la cama, abrazarme a Cucurucho e, imagino que roncar a pierna suelta.

El sábado me desperté tarde, a una hora casi vergonzosa, pero claro, es que la noche anterior ni tiempo tuve de poner el despertador, ejem, ejem...y como en este pueblo, salvo las campanas de la Iglesia, no se escucha ni una mosca, pues como que me dormí. Y me desperté porque me llamó mi abuela, que sino igual todavía estoy durmiendo, en fin…El caso es que me preparé mi rico desayuno y me lo zampé entre cotilleos varios por vuestros blogs y César, el encantador de perros¨ en la tele. Lo se, lo se, no tengo remedio. Entre una cosa y otra, me lié y casi no llego a tiempo al súpermercado.

De vuelta en casa, subí al trastero a regar el semillero, que el pobrecito va de mal en peor, pero esa es otra historia. Y como soy una maruja en toda regla, pues ya que estaba allí, me líe a colocar un poco aquello, más que nada todo el desastre que Romeo tenía montado entre la ropa de montaña, la de escalada, cuerdas, botas, mochilas,…un caos absoluto. Cuando terminé, Cucurucho, que se lo estaba pasando en grande entre tanto barullo y tantas cosas para oler y cotillear, no quería bajar a casa, en fin, que esperando a que se decidiera, se me hizo tarde. Vale, ya estamos en la hora de comer. Pero claro, prácticamente acababa de desayunar y no era plan. Bueno, pues me pongo con otra cosa, pensé, ¿pero qué?...si es que con este calor no apetece hacer nada…Me puse a leer. Por supuesto, en vez de leer algunas de esas cosas pendientes, opté por ojear una novela histórica (son mi perdición) que leí hace un montón de tiempo y, por supuesto, terminé por empezar desde el principio y leer hasta hartarme. Como no podía ser de otra manera, se me fue el santo al cielo y vista ya la hora que era como que no me iba a poner a cocinar a lo grande, y encima con ese calor. Ni de coña. Así que nuevamente ensalada, aunque esta vez hice el esfuerzo de cocer un poco de pasta,…sin comentarios.

Con la tripita llena lo único que me apetecía era tirarme en el sofá, por supuesto, y eso hice. Creo que vi una película, leí otro poco, pegué alguna que otra cabezada, y Cucurucho tres cuartas de lo mismo, por supuesto, y todo esto con las persianas abajo y asfixiaditas las dos. El caso es que a lo largo de la tarde me tomé una vergonzosa cantidad de té rojo, con hielo, frío, frío y claro, a las nueve de la noche estaba como una moto. Cogí mi caja de abalorios y retales y comencé a hacer flores, ya sabéis, mis famosas flores para el baño (estoy loca, lo se), y con ellas me dieron las tantas. Entre tanto, en la tele, por supuesto, alguna serie, un documental sobre las bombas de racimo, otro sobre la Universidad Libre, más series, hasta un tutorial de abalorios me vi, si, si, a una hora rarísima además, como a las dos de la madrugada, pero ya digo que con tanto té me había puesto como una moto y dormir era algo imposible. El resultado fue que me acosté a las tantas y claro, al día siguiente, domingo, también me levanté a las tantas, con el consiguiente desayuno tardío, la falta de apetito a la hora de comer y, por tanto, de cocinar, y más calor asfixiante. Desastre total.

A media tarde llamó Romeo para avisar que se ponía en camino de vuelta. Su fin de semana tampoco había resultado como esperaba por algún que otro problemilla, ajeno a la despedida, y andaba un poco depre. Bien, pensé, ahora sí, voy a prepararle una cenita romanticona para levantarle el ánimo. ¿Pero que podía prepararle? Tenía que ser algo que le gustara mucho, si, si, y entonces recordé que Oli, nos posteo no hace mucho una receta de Ñoquis que tenía muy buena pinta y que yo estaba reservando para el próximo día 29, porque, como podéis ver aquí, así es la costumbre argentina. Pero aquello era una emergencia, así que no me lo pensé dos veces y me puse manos a la obra.

Según los cálculos de Romeo, no llegaría antes de las 22:30 h, tenía tiempo suficiente, o eso pensé yo. Pero claro, como era de esperara según la línea general del fin de semana, llegó antes de lo previsto y me pilló con las manos en la masa, literalmente.

A pesar de eso, le hizo mucha ilusión y, además, sacó un par de fotos, más por tener una prueba material de mi gran aventura en la cocina que otra cosa, por supuesto, pero que ahora me van a servir para ilustrar este post. Aquí las tenéis:

Aunque esté mal que yo lo diga, los ñoquis quedaron estupendos, mmmmm...así que muchas gracias Oli, jiji.

El día terminó con una cena romántica, claro, puesta al día de nuestro fin de semana de solteros, jeje, y sueño reparador.

Vale, hasta aquí, todo fue bien. Bueno, en realidad no hice nada de provecho en todo ese tiempo, ni leer, ni ponerme con el blog, ni coser, ni planchar, ni cocinar, ni...en fin, nada de lo que tenía planeado, salvo dormir, ver la tele, engancharme al té rojo y comer lechuga...ejem, ejem, pero oye, hice lo que me fue apeteciendo, aunque eso fuera nada.


Fue al día siguiente, lunes, y festivo además, cuando se desató el desastre, y desde entonces hasta hace apenas unas horas, solo hemos tenido llamadas de teléfono, sustos, ingresos hospitalarios, nervios, problemas que se adelantaron, agobio, más nervios, comeduras de coco, noche de insomnio, visitas al hospital, prisas, mas agobios, y, finalmente, tranquilidad. Sí, si, un par de días muy...intensos. Pero bueno, al final, el susto se quedó solo en eso, un susto, y, según nos dicen los médicos, mañana mismo todo estará bien. ¡¡Genial, genial, genial!! Y por lo que se refiere a los problemas y sus agobios respectivos, pues oye, que con la luz de este sol que últimamente brilla tanto, pues se ven de otro color, claro, y, además, parece que a la larga también tendrán solución, porque oyes, no es el fin del mundo ni mucho menos, así que tampoco vamos a quejarnos ¿no?. Y eso, pues eso, jeje.

Como veis, una de cal y otra de arena, pero lo importante es que, al final, como en los cuentos, podremos comer perdices, que es lo importante. Y lo pasado, pasado está.

Ahora voy a cotillear un poco por vuestras casitas, que tengo unas ganas... jeje, y mañana más y mejor. ¡¡¡Muuuaaack!!!