Uff......no sé ni por donde empezar. Bien,...lo haré sin más.

Por fin estoy aquí otra vez, ¡no sabéis las ganas que tenía! Que no sabía yo que lo iba a echar tanto de menos, lo de cotillear por aquí, digo, con vosotros, jeje...pero sí, y me moría por volver y ponerme al día con vuestros blog, a ver que tal estáis y que es lo que me he perdido en este mes largo de ausencia.

Como imaginareis, he estado de vacaciones, con Romeo. Bueno, lo que quiero decir es que los dos hemos estado de vacaciones, en el sentido de que al mismo tiempo, más o menos, pero que no nos hemos ido a ningún sitio, bueno si, pero no de vacaciones...me estoy liando. Veréis:

En principio los dos íbamos a tener un mes de vacaciones y, por suerte, coincidíamos en las fechas. ¡Genial!, pensamos, e ideamos un plan: la primera quincena, haríamos mini-viajes, a distintas Comunidades Autónomas, para visitar a familiares y asistir a celebraciones sociales a las que estábamos invitados y nos hacían mucha ilusión; la segunda quincena, diez días serían para irnos de viaje los dos, y los últimos cinco días, para volver a ponerlo todo en orden antes de empezar a trabajar, y poner, por fin, la habitación-despacho.

Bien, pues no voy a entrar en detalles porque ya es de sobra conocida mi mala suerte con los planes, y a poco que me conozcáis podréis imaginaros sin esfuerzo que nada fue como estaba planeado. Pero, nada de nada. Bueno si, una escapa a Madrid a ver un par de exposiciones. El resto, nada.

Hicimos los mini-viajes, sí, y asistimos a las citadas celebraciones (y lo pasamos en grande), pero todo lo que transcurrió entre viaje y viaje y celebración y celebración, fue desordenado y lleno de sorpresas que iban cambiando nuestras circunstancias y, como consecuencia de ello, nuestros planes. Pero para bien, que las últimas frases suenan algo serias y no es eso. Veréis, surgieron nuevas oportunidades laborales, que forzaron viajes y anularon otros. Pero muy contentos, claro, que digo contentos: CONTENTÍSIMOS, sí, sí. Así que, la segunda quincena la pasamos en casa, Romeo entusiasmado con su nuevo trabajo, y yo, encantada por ello y disfrutando de mi tiempo libre.

Al principio pensé en la cantidad de cosas que podría hacer: descansar de tanto viaje para arriba y para abajo y de las prisas y el trajín de los días anteriores; cumplir con un par de encargos para unas amigas, de flores de fieltro; asaltar mi caja de abalorios y demás cositas y dar rienda suelta a mi imaginación; leer; pasar tiempo con los míos; empezar a ponerme en forma con la Wii Fit, que ¡ por fin la tenemos en casa!; cocinar; disfrutar del blog (con tiempo quiero decir) y experimentar un poco con el ordenador y algún que otro programa; ordenar armarios y cambiar-redistribuir cosas de sitio; poner la habitación-despacho (lo que implicaba colocar apuntes de la opo y, también, ordenar mis propios pensamientos en torno a la misma, y decidir, de una vez por todas, si sigo o no, y si sigo, si lo hago por donde empecé o cambio totalmente de rumbo, que es lo que más me apetece, pero, no sé si lo que más me conviene); y, en fin...muchas más cosas.

Pero los cielos se aliaron conmigo y me regalaron unos maravillosos días de generosa lluvia, y yo me vi arrastrada, mantita en mano, al sofá, con Cucurucho en mi tripita, mis libros, un millón de tazas de té, el mando de la tele, un Romeo ¨intermitente¨ y contento, el sonar de la lluvia en los cristales y la agradable sensación de no tener nada que hacer (al menos obligatoriamente, ya me entendéis). Y sin saber como, los días fueron pasando, viviendo en mi propia burbuja, aislada de la realidad y del mundo, y feliz.

Sí, sí, estos días sin prensa, ordenador, prácticamente sin teléfono, y sin idas y venidas al trabajo (y sin el trabajo en si, claro), al supermercado, al banco,...sin el ruido de la ciudad, sola conmigo misma y con Romeo y Cucurucho, ya digo, en un mundo paralelo y ajeno a todo, me han sentado estupendamente.

Claro que ahora que ya he vuelto al mundo real, me doy cuenta de que no he hecho nada de lo que tenía pensado hacer (bueno algo si, tampoco vayáis a pensar que he estado ¨espanzurrada¨ en el sofá quince días sin moverme, porque oye, cogí con ganas esa nueva sensación de tener tiempo libre, pero tampoco era plan y algo he hecho, como pasar tiempo con los míos, cocinar un poquito y ¨poner la habitación-despacho,( y digo ¨poner¨y no poner, porque las estanterías están puestas...pero nada más), leer,… ). Pero oye, que digo yo que me quiten lo bailao, ¿no?, pues eso. Porque además, la vuelta al mundo real ha llegado llenita de trabajo, pero mucho-mucho, ¡vaya semanita he tenido! (y también tengo que hacer todo lo que no hice en vacaciones, por supuesto), pero como la cura a base de vagancia suprema a la que he estado sometida las dos últimas semanas me ha sentado requetebién y ahora estoy ¨divina de la muerte¨, estoy dispuesta a sacar tiempo entre expedientes y armarios para volver a este mundo cibernético y cotillear, cotillear y cotillear.

Así que lo dicho, voy a devorar vuestros blog, que ya no aguanto mas, jeje...¡¡Besucos!!